Un arte que cautiva
Para el catálogo de la muestra Figuras cuánticas
Cuando mi estimada amiga Mónica, directora de la galería Atica, comenzó a desplegar ante mis ojos la serie de monocopias de Floki Gauvry, mi reacción que comenzó siendo tibia se fue haciendo cada vez más entusiasta a medida que me adentraba en el mundo de esta singular artista, hasta que me sentí completamente subyugado por su talento.
No es sencillo explicar cómo es que se produce la simbiosis espiritual entre crítico y artista. En alguna oportunidad creo haberme referido a la captación, por parte del crítico, de una cierta tensión que la obra transmite y que está en proporción directa con el espíritu de aventura que refleja la misma, como algo opuesto a la mecanicidad, esto es, la repetición automática de una fórmula, que por mejor plasmada que esté, nos deja fríos, quizás por aquello de que el verdadero camino tao no está en el mapa, o, como alguien anotó refiriéndose al proceso vital: “¡Eureka, la fórmula no existe!”
Un dominio técnico de rara maestría me hizo dudar de que todos los resultados hubiesen sido obtenidos a través de la monocopia, al punto de sentirme en la obligación de conversar con la artista para que me explicase cómo, a través de ese medio, podía lograr los colores plenos que obtenía. No hubiese sido pecado emplear una técnica mixta, pero siempre hay algo más de exigencia resuelta, cuando el artista logra su cometido manteniéndose dentro de lo que estrictamente su medio puede darle, en la medida de su capacidad para dominarlo y adentrarse en él. Este es el caso de Floki Gauvry, formada en nuestra Escuela de Bellas Artes, en el Ecole des Beaux Arts de Paris y luego perfeccionándose en los estudios del admirado Jesús Marcos y del maestro de dibujo y monocopia que es Bernardo Di Vruno.
Importa destacar que esta responsable trayectoria cobra importancia a partir del indudable talento y de la originalidad (en el mejor sentido del término) de Floki Gauvry.
Su mundo de resonancias informalistas, que plasman su hondo lirismo, se va enriqueciendo con planteos que incorporan una signología poderosa recortada en sus campos de color plenos. Indaga Floki y son su indagación y la sorpresa que imprime a sus hallazgos y que nos transmite, las que van penetrando nuestra propia sensibilidad, haciéndonos partícipes de este temperamento delicado y fuerte a un mismo tiempo.
Me congratulo de presentarla en esta muestra y le doy la bienvenida como nuevo valor de la Escuela de Buenos Aires.
Rafael Squirru
Buenos Aires, diciembre de 1989.
Imágenes que surgen de lecturas sobre fı́sica cuántica y del asombro estético ante el mundo sub atómico en constante movimiento. La teorı́a cuántica reveló una unidad básica del universo.