Obra en papel

El Caos Sensible (2009) Libro de Artista

ESTOY PARADA ACA…

“Estoy parada acá. Y desde acá miro todo. Giro y miro este lado, doy vuelta y miro el otro.” Claro, pensé, es exactamente así. Floki se puso de pie y como un pivote fijó la mirada en distintas direcciones mientras decía eso; en la mesa de trabajo quedó la Mac con las imágenes de su viaje a Inglaterra mientras los crop circle pasaban uno detrás del otro. Había una espiga recogida en los trigales del misterio, unas piedritas blancas y un libro con las fotos de todas las formaciones geométricas de los campos de Wiltshire. Ahora me toca traducir en palabras eso tan fácil: estoy parada acá. Se me ocurre esto: voy a la catedral de Notre Dame en Chartres (o cualquier otro ejemplo del gótico), desde la plaza veo la fachada de torres asimétricas y ese rosetón tan pétreo, rígido mandala que centra y estructura todo el frente. Entro al templo, no a la catedral, sino al templo, un edificio sagrado -no importa que sea egipcio, judío o budista-. Y templum, la palabra latina, designaba un sector del firmamento por donde pasaban las aves, cuyo vuelo era interpretado por el augur. Una vez que uno trasciende el portal donde está el Pantócrator -Dios gobernando el arriba y el abajo- es decir la puerta, el umbral que separa el espacio profano del afuera con el sagrado del interior, todo cambia. Avanzo hacia el altar, hacia el lugar más sagrado del espacio sagrado. Luego, miro para atrás y vuelvo a ver aquel rosetón del siglo XIII. Ya no se ve más la piedra, sino un estallido de formas y colores, en el centro la Jesús como Juez y a su alrededor los ángeles que llaman a los bienaventurados y a los resucitados que son rechazados a las tinieblas. Cuando estoy adentro las cosas se ven de otra forma, el vidrio que desde afuera casi ni se veía, ahora es una armónica composición que me susurra los símbolos del final de los tiempos. Afuera no podía ver nada de esto, ¿porqué? Porque no es “acá.” Bueno, creo que algo así quiso decir Floki cuando se levantó de la silla. Gran parte de su obra, por no decir toda, está concebida y realizada desde un “lugar” que se me ocurre podría definirse como un axis mundi, un eje que une el cielo y la tierra, la materia y el espíritu. Para llegar a este lugar hay que trabajar y mucho. Luego, hay que sostener esa posición que es embestida día a día por cientos de circunstancias, sea desde el exterior o del interior.

No es casual que su última serie de trabajos esté inspirada precisamente en la luz. Las connotaciones místicas de este elemento intangible han sido estudiadas y vivenciadas por siglos, poco queda por decir. Floki describió el proceso de su trabajo reiteradas veces, una imagen es procesada varias veces en diferentes soportes hasta que finalmente es iluminada por un soporte de leds. El resultado es infinito y variado como en una vidriera gótica, pero la fuente de alimentación, lo que les da finalmente vida, es la misma, la luz.

Desde ese lugar, ese pivote donde se canaliza una energía sutil y esencial, Floki construye la gran catedral de su obra. En un templo gótico se pueden diferenciar partes, el altar, la nave central, la lateral, el crucero, el transepto y tantos más, y todo funciona armónicamente para consagrarse a algo indefinible. Esta última serie de trabajos de Floki y todas las anteriores son como las partes de una gran construcción y la totalidad de su obra, me atrevo a decir, es la metáfora de una gran catedral levantada para entender el misterio de la Creación.

Julio Sánchez
2011

La caja contiene una litografı́a original en la tapa. Grabados impresos en papel blanco Magnani, Litho y Bianca. Textos sobre papel vegetal amarillo. Glassine Echo anaranjado de protección. Textos extraı́dos del libro ‘El caos sensible’ de Theodor Schwenk, editorial Rudolf Steiner, España, 1988.

Dimensiones: 20 x 20 cm.
Contenido: 22 páginas que incluyen 10 grabados + 10 textos + frente y colofón.
Edición: 5 ejemplares.