La poética de la impermanencia y el vaivén
El río de mi aldea no hace pensar en nada.
Quién está junto a él sólo está junto a él.
Fernando Pessoa
Para la industria mediática contemporánea como para la antigua iconolatría, cada imagen vale mil palabras, quizá porque resulta más fácil mirar que decir. La repetición obsesiva de las imágenes fijas y móviles engendradas y perfeccionadas día a día por la electrónica, no poseen ningún secreto ni ofrecen ninguna resistencia. En nuestras llamadas sociedades del espectáculo integrado y sin fin, ellas son la consecuencia de la percepción distraida del mundo. Pero sabemos que no basta ver para sentir y comprender. Al contrario, vemos poco y nada porque miramos demasiado, entendemos poco y nada porque miramos demasiado rápido.
Desde hace veinte años Floki Gauvry realiza monocopias. Son híbiridos que no pertenecen del todo a la tradición del grabado ni tampoco están próximos a la tradición de la pintura: se ubican a medio camino entre ambos. A partir del entintado del soporte dan por resultado un ejemplar único. La monocopia es un procedimiento técnico-expresivo que para afirmar su presencia, identidad y valor elude la multiplicidad. Con y desde este procedimiento, la artista crea su propio territorio autónomo.
En 1936 Walter Benjamin publicó sus célebre ensayo denominado El arte en la época de su reproductibilidad técnica, en donde desarrolla su idea de la desaparición del “aura”, o sea del halo de originalidad, unicidad y autenticidad de las obras como consecuencia de su reproducción. El filósofo analiza con anticipación los efectos de la manipulación de los medios de difusión en la sociedad de masas. Hoy, nadie puede dudar que en nuestra civilización de la imagen, el pensamiento de la tecnología guiada por la economía es el que domina, y que el mundo trepidante de la actualidad mediática y su espectáculo, es una de sus consecuencias visibles.
En este contexto general, las monocopias de Floki Gauvry se desvían de las normas establecidas. Su elección peculiar tiene raices profundas que se extienden más allá de la maestría que la artista exhibe en la ejecución de sus obras. Ella pone toda su atención e intención en la transferencia de sus imágenes de un soporte a otro, en el pasaje del negativo del soporte al positivo del papel o la tela. De esta manera sus obras acentúan y revelan diferentes tránsitos: de la idea al signo icónico y de éste al símbolo; de la palabra poética a la re-presentación y viceversa, de la realidad a la ficción y viceversa.
En el tránsito de una cosa a la otra lo que está en juego es la impermanencia. En su proceso creativo, la artista investiga, experimenta y produce series, o sea que permanece un determinado tiempo dentro de una problemática visual. Su relación con las ideas, materiales y formas no es algo estático ni acabado de una vez para siempre, sino una reconstrucción e interacción continua. Su intención y su mirada fundan su obra y ésta transforma su intención y su mirada. Expone una serie de monocopias y luego inaugura otra serie, y en todas y cada una se destaca el tránsito (el vaivén) entre dos experiencias: la existencial y la estética. Lo que está en juego en las obras de la artista es el tránsito y el cambio, el viaje y la impermanencia.
Las obras de Floki Gauvry crean una situación de convivencia, complicidad y silencio entre quienes las contemplamos, que es a la vez una situación de excepción: transitoria, incierta e imprevisible. Sus obras exigen lentitud y ofrecen resistencia. Es como si cada obra ocultara un secreto que la artista ya no posee porque lo transfirió a ella. Unicamente si nos dejamos llevar por la contemplación, podemos descubrir algo lejano que nos resulte íntimo o algo ajeno que podemos habitar. Para poder ver sus obras (para que aparezcan ante la experiencia sensible de la mirada) no sólo debemos aproximarnos, sino también interrogarlas y pensar algo a propósito de ellas, de otra manera permanecen invisibles. Son obras que no oponen la apariencia a la profundidad, porque en ellas la apariencia es el fondo que flota en la superficie.
Horacio Zabala
Verano de 2006
© Ediciones Del Cielito
Ejemplares: 1.000
Páginas: 135
Diseño y diagramación: Munda
Imprenta: Platt Grupo Impresor
Impreso en abril 2006, en Buenos Aires, Argentina.