Obra en papel

El Caos Sensible (2006-2008)

El caos sensible

 Para el catálogo de la muestra El caos sensible

Floki Gauvry se ubica dentro de un grupo de artistas donde nos resulta difícil distinguir los límites entre su producción en la vida cotidiana y su producción en el arte, siempre que aceptemos que dicho límite existe. Observar la forma en que maneja sus obras o como se mueve entre ellas, nos habla de una persona que ha encontrado un sutil equilibrio entre lo que piensa y lo que hace, dueña de una armonía que se manifiesta en una búsqueda permanente a lo largo de varias décadas de trabajo introspectivo.

La serie El caos sensible no es fruto de la inspiración genial ni del arrebato creativo sino que son cientos de grabados los que fueron necesarios para que hoy día esta serie compuesta de monocopias, imágenes digitales, un libro de artista de calidad exquisita y hasta un pedestal luminoso con acrílico fluo, integraran un todo donde las partes son claramente independientes y aun así todas remitan a una idea central. Y lo central, lo protagónico que organiza ese caos primigenio, es el agua.

Desde lo formal, estamos frente a un trabajo de factura artesanal, cuidado al detalle y portador de toda la vitalidad que encierra ser un ejemplar único e irrepetible aun cuando el medio elegido, el grabado, sea la técnica reproductible por excelencia desde hace siglos. Floki ha elegido trabajar con el grabado pero introduciendo un giro que no permite que sus obras sean plausibles de seguir el destino de, por ejemplo, los grabados litográficos.

Asimismo el tema, la idea detrás de las obras de la artista, es nutrida a partir de un conjunto de experiencias que parecieran desarrollarse en el tiempo; hay fuentes que alimentan su trabajo en forma recurrente: la naturaleza, el vínculo arte-vida, la regularidad geométrica y matemática combinada con el factor azar, la presencia de lo cíclico en el tiempo y el espacio. El fluir vital rige cada composición.

Cuando uno se detiene frente a sus grabado, cuando uno conoce estas obras, advierte que ese caos que la artista describe, parece estar paradójicamente contenido bajo un efecto cosmético el cual desempeña un doble juego: por un lado potencia su brillo como si estuviera ejerciendo una presión desde el germen y a punto de explotar y, por el otro, es esa misma tensión la que se descubre protegida por las formas curvas pregnantes y sólidas que parecieran trasmitirnos una suerte de tranquilidad y estabilidad propio de aquello que respira plácidamente.

La obra de Floki Gauvry en general y El caos sensible en particular, nos informa sobre la supremacía de la vida por sobre todas las cosas; su producción se fue gestando en una dialéctica donde todo gira una y otra vez retroalimentándose y volviendo a surgir con mayor ímpetu. La obra nace de una semilla gestada en un cálido útero y, a su debido tiempo, puja por salir a la luz pero conteniendo toda su irracionalidad en las formas sensibles que adopta, tan cercanas y familiares para quien las observa. Entonces, nos sentimos tentados a contemplarlas por largos períodos y nos seduce su invitación a descubrir múltiples significados acorde a la perspectiva que asumamos.

Floki ha elegido en esta oportunidad al agua como campo de acción y experimentación; ha observado el movimiento del río -el río a orillas del cual vive- y captado su esencia esta vez no solamente en sus grabados sino a través de la fotografía. Sin embargo, logró someter la factura hiperealista de una “instantánea” a la técnica del grabado, obteniendo así impresiones que lejos están de ser una postal o el registro de una experiencia plasmada en papel sensible. En sus fotografías se descubre la trama, el grano, pero no de la película sino de la impresión.

Combinaciones que nos hablan de un espíritu que busca renovarse y conservarse al mismo tiempo; nuevas formas de expresar su profundo vínculo con lo vital y las posibilidades que ello brinda. Una obra que mediante el elemento acuoso busca manifestar su potencial y su mensaje como antes lo hicieran series relativas a los mandalas o las figuras cuánticas. Es ahora un elemento, el elemento más vinculado junto con el aire, a la posibilidad de generar, tener o quitar vida, el encargado de llevar adelante una nueva búsqueda.

La artista nos presenta una serie de alto valor estético y delicada factura, que una vez más nos desafía a penetrar en sus misteriosas apariencias que parecieran navegar entre lo figurativo y lo abstracto. Y más allá de lo que cada uno pueda encontrar en ese camino o las lecturas que pueda hacer, sin duda la experiencia será gratificante por igual, porque nada es más placentero que participar de un viaje por las turbulentas y sublimes aguas de la vida.

María Carolina Baulo
Febrero 2009

Técnicas: grabado (monocopia), imagen digital, acrı́lico amarillo fluo con incisión láser y montado sobre pedestal lumínico.